𝗖𝘂𝗯𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗛 𝗱𝗲 𝗢𝗿𝘁𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳𝗶́𝗮
@CubaOrtografia - X
Feb 2
Todos hablan de la isla de Epstein.
¿Y cuándo van a hablar de la infame isla de Castro?
No es un caso aislado. No fue solo
Maradona, drogadicto y psicóticamente obnubilado por Fidel Castro. No fue solo
su novia adolescente, que conoció al coma-andante para que este permitiera su
salida de Cuba.
En el caso de Silvio Rodríguez, hay
casos documentados judicialmente de relaciones con mujeres muy jóvenes en los
años 70-80. Fue reconocido públicamente haber tenido múltiples relaciones
simultáneas mientras era artista protegido del Estado.
Michelangelo Antonioni fue invitado
oficial a Cuba en los años 70. Integrado al circuito de intelectuales europeos
con acceso a ocio, «escorts culturales» y privilegios. El ICAIC y el MINCULT
facilitaban acompañantes como parte del «paquete diplomático».
Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir,
conocidos pedófilos, tuvieron visitas a Cuba en 1960. Está documentado en
diarios y cartas su fascinación con la juventud cubana y la erotización del
«hombre nuevo».
Chico Buarque tuvo estancias prolongadas
en Cuba en los 70-80. Existen testimonios de intelectuales brasileños exiliados
que describen un ambiente de sexo fácil para invitados ideológicamente
confiables.
Eduardo Galeano fue un visitante
habitual. En crónicas privadas y testimonios de terceros se describe su vida
nocturna protegida, hoteles para extranjeros y acompañantes. El mismo que
escribía contra el «imperialismo sexual» disfrutaba el sistema.
Entre los 80 y los 90, hubo redes
coordinadas de hoteles, guías, jineteras y personal de seguridad del Estado. No
era ligue casual. Había intermediación: traductores, funcionarios culturales,
choferes, recepcionistas de confianza. Las acompañantes no improvisaban: se
evaluaba la discreción, la lealtad política y el silencio posterior.
Todo ocurría en espacios cerrados. En
casas de protocolo, bungalows aislados, pisos reservados de hoteles. Había
entradas y salidas sin registro visible, horarios protegidos, cero cámaras. La
intimidad incluía alcohol importado, comida inaccesible para el cubano común,
música privada.
Y esto era a nivel oficial.
¿Qué pasaba con la gente de a pie? Cuba
se convirtió en un burdel mundial. Todos los extranjeros iban a Cuba a tener
sexo con menores de edad, a casarse con niñas con el consentimiento de los
padres y la vista gorda de las autoridades.
No, a Fidel Castro y a sus acólitos no
les hacía falta codearse con Epstein porque tenían una finca propia, con mucha
menos transparencia de documentación que los pudiera delatar en el futuro.


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